El día 12 de octubre de 2004, en la Casa Madre, tuvo lugar la clausura del III Centenario de la advocación de la Divina Pastora.
La causa del traslado de fecha para esta clausura estuvo motivada por el encuentro de hermanas de las Provincias de España que se reunieron en Madrid para participar en el estudio del capítulo de Gobierno, con lo cual era una buena oportunidad para una mayor participación de hermanas en la clausura del centenario de nuestra patrona, “Divina Pastora”.
La
clausura
tuvo
su momento central en la celebración eucarística, de la que traemos
aquí una síntesis de la homilía del celebrante y que expresa,
de forma sintética, lo que para nosotras significó este acontecimiento:
Un poco de historia: El P. Isidoro de Sevilla, en junio de 1703, tuvo la idea de representar a la Virgen vestida de humilde Pastora y rápidamente esta devoción a la Virgen como Madre del Divino Pastor, se extendió por España y América, y más tarde por otras naciones de Europa, a través de las misiones populares del Beato Diego José de Cádiz y el P. Esteban de Adoáin. Son finalmente los papas Pío VI y León XIII quienes aprueban el oficio litúrgico y la fiesta de la Divina Pastora.
La Orden de los HH. Menores Capuchinos proclama en 1932 a María bajo el título de "Madre del Buen Pastor", patrona universal de sus Misiones.
Son muchas las congregaciones religiosas nacidas en torno a esta advocación de la Virgen, Madre del Buen Pastor, entre ellas la vuestra: Franciscanas Misioneras de la Madre del Divino Pastor, gracias a vuestra fundadora la Beata María Ana Mogas.
Sentido de este tercer centenario: construir, vivir, "un presente y un futuro" haciendo memoria del "pasado".
Debemos intentar ver los valores que esta devoción representa para nosotros hoy, recordando como los vivieron hace trescientos años.
María, Madre del único Buen Pastor, cooperando a la obra de su Hijo el Buen Pastor. A Cristo corresponde exclusivamente la misión de pastorear, pero también, a la luz de la Palabra de Dios, podemos descubrir que su Hijo cuenta con María en la función de preocupación espiritual por todos los hombres.
En las Bodas de Caná, Cristo es el protagonista, pero quien consigue el milagro es María. Sabe que, aunque ella se preocupe de los otros, el principal responsable y el que puede hacer el milagro es Jesús: "no tienen vino..... haced lo que El os diga":
"María al pie de la cruz", acogiendo como hijos en la persona de Juan, a todos los hombres.
María representa el amor materno que coopera con el Buen Pastor, cumpliendo así el plan del Padre: que estuviera asociada a la obra redentora de Jesús.
Vinculo de unión de los hombres con Dios y de los hombres entre sí: María sigue ejerciendo la misión que ejerció en el Cenáculo: reunir y hacer comunión de oración en espera de la venida del Espíritu Santo.
El estandarte de la Divina Pastora unificaba pueblos divididos, promovía la paz y reconciliación, facilitaba la entrada en el único redil de su Hijo.
Hoy tenemos la necesidad de toda esta dimensión de unidad y paz entre los pueblos y por eso, a ejemplo de Maria, debe ser un punto central y esencial de nuestra misión en el mundo.
María, Madre del Buen Pastor, ejemplo del modo cómo debemos ejercer nuestra misión en el mundo: servicio humilde, desinteresado, sin ánimo de poder, lleno de "amor y sacrificio".
El oficio de pastor es sacrificado, sin relieve, humilde, sin pretensiones, en contacto permanente con la gente, en lugares a veces difíciles, en medio de los pobres, en atención constante, con respeto....
María, Madre del Buen Pastor nos habla también del sentido misionero: el testimonio de nuestra vida, nuestras misiones, catequesis, enseñanza, obras sociales ..."
Terminada
la Eucaristía, en la que hemos presentado todo lo que ha significado
para el Instituto este año de vivencia de nuestra espiritualidad mariana,
paricipamos en un ágape fraterno.