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Franciscanas Misioneras de la Madre del Divino Pastor

En la vida de MARÍA ANA

La figura de María, bajo el título de Divina Pastora o Madre del Divino Pastor, hace su aparición en la vida de María  Ana, con los primeros contactos con la Orden Capuchina. Esta devoción es en María Ana de un arraigo profundo y la  evidencia en múltiples formas.  Era y es la acuñación de un título que corresponde a María por su maternidad divina y por su mediación en la obra  salvadora. La imagen de María, bajo este título, es reveladora de la ternura de la Pastora para con sus ovejas. Lo  cierto es que ha calado muy hondo en la Orden Capuchina y María Ana se imbuirá de ella desde los primeros años  de su vida religiosa. Marcada por una fuerte espiritualidad mariana, dirán los testimonios:  "...principalmente la advocación de la Divina Pastora, que era su predilecta..." María Ana, sin duda alguna, vivió el espíritu de las primeras Reglas  con la máxima fidelidad y más en las prescripciones que de un modo  directo la afectaban.  Dicen las Reglas: "La Prelada del convento se llamará Superiora, quien gobernará la comunidad en nombre de la Divina Pastora María Santísima, que será la Abadesa de esta Seráfica Congregación de penitencia. Por tanto, se ordena que en todos los lugares donde acostumbran a reunirse las Hermanas haya una imagen de la Divina Pastora, la cual presidirá todos los actos de la Comunidad como Abadesa Suprema". No es, pues, extraño que los testigos refieran muchos años después, cuando María Ana está ya en Castilla, que "en un camarín, con su puerta de cristal incrustado en la pared, se divisaba la Divina Pastora con su Santísimo Hijo con su pellica, zurrón, cayado y manto azul..." La Divina Pastora, presidirá no sólo los lugares en que se reunían las Hermanas, sino en aquellos en los que María  Ana ha de ejercer su función pastoral como Superiora y como educadora.  "...tenía, en su celda pobre, un cuadro de la Divina Pastora rodeada de ovejitas; entre ellas había  una más apartada de las otras, comiendo y mirando hacia otro lado. Nos explicó de manera sublime el significado que tenía: unas atentas a lo que Dios nos habla y las otras separadas, distraídas, y  mirándome con insistencia dice: esa que está más lejos oye los silbidos del tentador demostrando  hacerle caso..." Su amor a la Divina Pastora era tan manifiesto, que una alumna, que había vivido en el Colegio desde los seis hasta  los diecisiete  años, contaba, mucho tiempo después, a su hijo que la Madre Mogas "era muy devota de la Divina  Pastora" y añade:  "Cuando alguna niña se portaba mal la llevaba delante de su  imagen para pedir perdón; luego  sacaba dulces del morral que tenía colgado." María, Divina Pastora, ha de ser presencia en la vida de toda franciscana, ha de ser Titular en el Instituto en el  presente y en el futuro. Así aparece en el manuscrito de María Ana:  "En nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. El Señor os dé su bendición y os guarde, os  muestre su rostro y tenga de vosotros y de mí misericordia. Convierta su rostro y os dé paz a  vosotras, Hermanas e hijas mías, y a todas las que han de venir y permanecer en nuestro Instituto y compañía, así presentes como futuras, y que hasta el fin perseveraren en todas las casas o  Monasterios de las Hermanas Terciarias bajo la advocación de la Divina Pastora. Amén".
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