Franciscanas Misioneras de la Madre del Divino Pastor

En el INSTITUTO

Cuanto aparece en las primeras Reglas referido a la Virgen María sin más o a la Divina Pastora, -escrito o no por  María Ana Mogas- se ha incorporado a su experiencia religiosa y ha pasado al Instituto como algo propio. Hay una  presencia interrumpida de textos para conocer la experiencia espiritual de la M. Fundadora, su espiritualidad  mariana, que transmitió al Instituto desde sus orígenes hasta hoy.  En las Reglas de 1850 y en las modificaciones introducidas en 1862 aparece la figura de María, Divina Pastora, como  Suprema Abadesa. Aparece también en los ceremoniales. Ha sido vivido intensamente por la Fundadora y por las  Hermanas, y esta experiencia se ha incorporado al patrimonio del Instituto y se ha transmitido y vivido; han pasado  inalterables e ininterrumpidamente de unos textos a otros, hasta la revisión hecha después del Concilio Vaticano II,  apareciendo de nuevo en las Constituciones de 1981:  "Nuestra titular es María, Madre del Divino Pastor, considerada por nuestra Fundadora y sus compañeras como Suprema Abadesa". La presencia de María "Divina Pastora" en las Constituciones del Instituto, como causa de una serie de expresiones  externas, es reiterativa.  Abundan los Ceremoniales y Directorios en recoger una serie de prácticas vividas en el Instituto desde los primeros  tiempos, tales como el trisagio a la Santísima Virgen, el modo de  celebrar la liturgia en ciertas fiestas de Nuestra Señora,  oraciones, consagraciones... Es singularmente expresiva una  especie de consagración que debió ser muy repetida por la  Fundadora y las Hermanas:  "Virgen y Madre de Dios, Pastora amantísima de  nuestras almas, yo me ofrezco por hija vuestra; en honor y gloria de vuestra pureza, os ofrezco mis ojos, mis oídos, mi lengua, en una palabra, todo mi cuerpo y alma".  (Costumbres 1901; Ceremonial 1952) Las Constituciones vigentes retoman la espiritualidad mariana tradicional en el Instituto, presentando a María,  Madre del Divino Pastor, como Suprema Abadesa, "ideal y estímulo en nuestra vida consagrada". Ella:    la mujer fiel que acogió la Palabra y la hizo vida, es modelo, estímulo y garantía de la donación que, desde  nuestra debilidad, nos hemos atrevido a realizar su devoción confiada es también garante de la castidad    la presenta como modelo de entrega con su fiat al plan de Dios    como aglutinadora de la Iglesia primitiva al referirse a nuestra vida comunitaria en fraternidad    como mujer orante de quien hemos de aprender a meditar en nuestro corazón la Palabra de Dios    como consagrada en todo su ser a la persona y misión salvadora de Jesús que estimula nuestra entrega a la  tarea evangelizadora    como peregrina de la fe que avanza en la unión con Jesús    es ideal para quienes se preparan para asociarse de modo especial a la obra salvífica de Cristo en el Instituto.  La fiesta de la Divina Pastora "La Sierva de Dios realizaba con gran solemnidad las fiestas de la Virgen, principalmente de la Divina Pastora". La fiesta de la Divina Pastora no sólo se celebraba con la solemnidad propia, sino que en ella se hacía una renovación del voto de obediencia en un acto de sumisión a la Divina Pastora y en reconocimiento de Ella, como "Suprema Abadesa". María, bajo este título, desempeña desde los orígenes un importante cometido en la vida del Instituto y en la vida  espiritual de sus miembros: "...que la Superiora gobernará la Comunidad en nombre de la Divina Pastora María Santísima,  que será Abadesa perpetua..." En torno a la fiesta de la Divina Pastora giraban los actos más importantes. Así, muchos años después, una testigo  afirma que "las Primeras Comuniones se hacían siempre el día de la Divina Pastora, así como la  renovación de votos". Las Reglas de 1850, recopiladas en 1862, después de decir que la imagen de la Divina Pastora presidirá todos los  actos de la Comunidad como Abadesa Suprema, añaden:  "Después de la Comunión de este día (fiesta de la Divina Pastora), reunida toda la Comunidad en la Capilla, puestas delante de la imagen de la Divina Pastora, estando iluminado el altar, harán la siguiente PROTESTA A LA AUGUSTA MADRE, NUESTRA DIVINA PASTORA, SUPREMA ABADESA DE ESTE INSTITUTO." La "Protesta" es una larga oración a la "Virgen Santa, dulce y tierna Madre, Patrona y Abadesa de este  Instituto... para renovar nuestros homenajes y la promesa de obedecer en todo cuanto nos prescribiese la que de parte vuestra, en vuestro lugar y en nombre vuestro nos dirige...". La Superiora gobernará en  nombre de la Divina Pastora y las Hermanas renovarán en su fiesta el voto de obediencia.  La formulación de su enunciado y el carácter y contenido de esta "protesta", ponen de manifiesto que el término  Suprema Abadesa, tiene en el contexto de la espiritualidad de María Ana Mogas y del Instituto un significado  profundo. La Virgen tiene: jurisdicción amorosa propia sobre el Instituto, sus personas y sus obras apostólicas orienta, anima en las decisiones, en la misión a Ella, Suprema Abadesa: se la venera se la bendice en esta larga protesta se la pide mire compasiva y cuidados su rebaño que no aparte de él su mirada que haga Ella que el rebaño "crezca y se multiplique delante de Dios y de los hombres" se le pide que Ella, la Pastora, acoja bajo su protección los deseos, votos y peticiones a fin de  que Dios los bendiga. La "Protesta" es una oración profunda. Hace como un repaso de la vida, de los compromisos, de la misión, de la  necesidad de vocaciones, del amor al prójimo... es, en su conjunto, "una protesta amorosa, una  "manifestación" de amor" María, Divina Pastora, ha de ser presencia en la vida de toda franciscana, ha de ser Titular en el  Instituto en el presente y en el futuro. 
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